— ¿Te imaginas que aquel primer día no hubiera podido ir con vosotros a La Pedriza? Por cualquier motivo. Una llamada de última hora, un compromiso imprevisto, un simple «ya iré otro fin de semana».
— Pero… ¿y si nunca la hubiera descubierto? ¿Y si hubiera seguido siendo uno de tantos que ni siquiera saben que este lugar existe?
— A veces me pregunto cómo sería yo si nunca hubiera conocido esto.
— Exacto, eso es lo que me pregunto. Si todo eso te cambia por dentro o simplemente lo asumes y ya está.
— Pero entonces no sería la misma vida.
— Quizá por eso seguimos volviendo. Porque, en el fondo, no regresamos para encontrar nuevos caminos, sino para reencontrarnos con la persona que empezamos a ser aquel primer día.
Hay lugares que uno aprende a querer con el paso de los años mientras que otros te cambian la vida en el mismo instante en que los pisas. La primera vez que caminé entre las rocas de La Pedriza fue hace ya más de treinta años. Mientras avanzábamos por el sendero tuve la sensación de que acababa de encontrar un lugar al que volvería una y otra vez durante el resto de mi vida.AQUEL PRIMER DÍA
A menudo me preguntan qué ruta recomendaría a quien visita La Pedriza por primera vez, cuál elegir para venir con niños o cuál permite descubrir mejor sus paisajes más representativos. Durante esas largas horas de caminata, cuando uno acaba conversando consigo mismo, he pensado muchas veces en esa pregunta. Y he llegado siempre a la misma conclusión: las mejores rutas no son necesariamente las más largas ni las más difíciles. Son las que nunca se olvidan.RUTAS INOLVIDABLES
En mis primeras rutas aprendí de compañeros que ya acumulaban muchas sendas recorridas y numerosas escaladas a sus espaldas. Gracias a ellos evité cometer algunos errores; otros, inevitablemente, tuve que descubrirlos por mí mismo. Al fin y al cabo, equivocarse también forma parte del aprendizaje y, probablemente, las lecciones que nacen de un error son las que nunca se olvidan..CONSEJOS QUIERO
Abrí los ojos. A mi alrededor solo habia riscos de granito y el único sonido era el de los pequeños pájaros que jugueteaban con el día recién nacido.ENTRE PIEDRAS Y ESTRELLAS
La primera luz de la mañana me devolvió de ese lugar desconocido al que viajamos mientras dormimos. Durante unos instantes no supe si seguía soñando.
Entonces recordé.
En mis primeras salidas todo parecía igual. Un caos de piedra, jara y enormes riscos donde me resultaba imposible distinguir un paso de otro. Bastante tenía con dejarme llevar por los compañeros con más experiencia y tratar de seguir su ritmo para no convertirme en un lastre. Por qué unas veces giraban a la izquierda y otras seguían de frente era un auténtico misterio para mí. EL MAESTRO
A veces pienso que hay lugares que el destino pone en nuestro camino. Alguna fuerza invisible e incomprensible que nos empuja hacia ellos, como si necesitáramos encontrarlos aunque todavía no sepamos que existen. Son lugares especiales, no necesariamente por algo concreto, sino por todo lo que los rodea y, sobre todo, por lo que nos hacen sentir.DESCUBRIMIENTOS INESPERADOS:
EL ARBOL
Cuántas veces habría subido a aquel mirador no sabría decirlo. Unas, para descansar al final de una larga jornada, cuando las piernas pedían tregua y el cuerpo solo quería sentarse sobre una piedra y dejar que el mundo siguiera girando. Otras, simplemente para llenar la vista con aquellos perfiles tan conocidos, reconocer cada recorte contra el cielo, cada pliegue de la montaña, como quien vuelve a contemplar el rostro de alguien querido.GATO ESCALDADO
Sé que es una ruta que lo tiene todo. Una zona desconocida e intrincada, sin una senda clara que seguir, convertida en un juego de pasos, trepadas y callejones difíciles de interpretar. Allí el GPS puede convertirse en una ayuda relativa y los mapas son apenas un hilo conductor, débil e inseguro, entre un juego de rocas que parece empeñado en desorientarte.EL LABERINTO
He llegado a la conclusión de que, si piensas que una situación absurda tiene pocas probabilidades de ocurrir, lo mejor que puedes hacer es subir a la montaña. Allí descubrirás que una de esas pocas probabilidades te estaba esperando. Me ha pasado de todo. Y cuando digo de todo no me refiero a encuentros con osos, rescates en helicóptero ni grandes aventuras de esas que quedan bien cuando las cuentas. COSAS QUE PASAN EN LA MONTAÑA
Vuelvo, una y otra vez, por razones que no siempre sé explicar. A veces por motivos sencillos, casi infantiles; otras por impulsos más hondos, más difíciles de nombrar. Pero siempre regreso. Siempre acabo encontrando un camino que me lleva de nuevo hasta allí. A veces, simplemente, por diversión.¿Por qué vuelvo?






