HISTORIA DE LA PEDRIZA
HISTORIA DE
LA PEDRIZA
Una Historia de Piedra, Tiempo y Aventura
Un viaje de más de 300 millones de años a través de la geología, la huella humana y el nacimiento del montañismo español.
El nombre de La Pedriza procede de la extraordinaria acumulación de peñas, canchos y bloques graníticos que cubren gran parte de su superficie. Desde antiguo, viajeros y habitantes de la zona utilizaron este término para describir un paisaje dominado por la piedra.
1. Historia geológica de La Pedriza
El Origen del Granito
La Orogenia Varisca o Hercínica (Hace ~300 millones de años): Durante el Paleozoico, el choque de masas continentales que formó el supercontinente Pangea generó un calor inmenso en el subsuelo. Grandes masas de magma ascendieron hacia la corteza terrestre pero no llegaron a salir a la superficie; se enfriaron y solidificaron lentamente bajo tierra, formando el granito (leucogranito) de La Pedriza.
El Levantamiento del Sistema Central (Hace ~40 millones de años): Durante la Orogenia Alpina (en el Terciario), la corteza se fracturó. Los bloques de la Sierra de Guadarrama se elevaron (estilo tectónico de «fosas y pilares»), dejando los materiales graníticos expuestos a la superficie a merced de los elementos.
La Erosión y el Modelado: A diferencia de otras zonas de Guadarrama (como Peñalara), La Pedriza apenas sufrió la erosión de los glaciares debido a su menor altura. Su paisaje es fruto de la meteorización química y mecánica: el agua se filtró por las grietas (diaclasas) y, al congelarse y descongelarse, rompió el granito. La descomposición química del feldespato convirtió parte de la roca en arena (regolito), dejando expuestos los bloques más duros como domos, torres, agujas, tolmos y canchos caballeros.

El secreto de la «Adherencia»
El granito de La Pedriza posee una textura especialmente rugosa. La erosión ha dejado expuestos pequeños cristales de cuarzo que proporcionan un agarre excepcional, dando lugar a la famosa «adherencia pedricera», conocida por generaciones de escaladores.

La obra del agua y del tiempo
Aunque el granito domina el paisaje, el agua ha sido una de las grandes escultoras de La Pedriza. El río Manzanares nace en estas montañas y ha excavado durante miles de años gargantas, pozas y rincones de extraordinaria belleza. La Charca Verde, la Charca Kindelan o los numerosos remansos del Manzanares han servido de refugio para la fauna y de lugar de descanso para generaciones de excursionistas.

2. Historia humana de La Pedriza
Los primeros habitantes y tierra de frontera
La presencia humana se remonta al menos a la Edad del Bronce. Los hallazgos arqueológicos han proporcionado cerámicas, útiles agrícolas y restos rituales en oquedades rocosas. Durante siglos la sierra fue frontera entre los territorios cristianos y musulmanes. Tras la conquista de Toledo en 1085, adquirió importancia estratégica. En el siglo XII, Alfonso VII otorgó al Concejo de Madrid derechos sobre estos montes en detrimento de Segovia, vinculando La Pedriza históricamente a la villa madrileña (Real de Manzanares) para el pastoreo caprino y bovino.

Pastores, Cabreros, Carboneros y Bandoleros
Los verdaderos conocedores de este laberinto fueron los pastores, quienes abrieron sendas, utilizaron los «corrales» naturales y bautizaron multitud de rincones. Pero la zona también fue refugio de leñadores, carboneros (que deforestaron los bosques hasta las repoblaciones del siglo XX) y célebres bandoleros del siglo XIX. Entre las numerosas historias y leyendas asociadas a La Pedriza destacan las relacionadas con bandoleros que encontraron refugio en su complejo laberinto de riscos y callejones.

El origen de los nombres
Uno de los aspectos más fascinantes de La Pedriza es la imaginación que han despertado sus rocas. A lo largo de generaciones, excursionistas, pastores, escaladores y fotógrafos fueron bautizando riscos según las siluetas que creían reconocer. Así surgieron nombres tan evocadores e inseparables de la identidad del lugar como: El Elefantito, La Aguja del Sultán, La Tortuga, El Pájaro, El Cocodrilo o El Yelmo.

3. La historia montañera de La Pedriza
El descubrimiento de la montaña
A finales del siglo XIX, intelectuales vinculados a la Institución Libre de Enseñanza (ILE), con Francisco Giner de los Ríos a la cabeza, impulsaron una nueva visión de la sierra como espacio educativo y científico. En 1864, el geólogo Casiano de Prado realiza la primera ascensión documentada a El Yelmo. En 1913 se funda la Real Sociedad Española de Alpinismo Peñalara y Constancio Bernaldo de Quirós comienza a catalogar los riscos. Poco después, en 1916, se inaugura el Refugio Giner de los Ríos, consolidando el centro neurálgico del pedrizismo.

La edad de oro de la escalada
En 1932, Ángel Tresaco, Teógenes Díaz y Ricardo Rubio consiguen la mítica primera ascensión a la cara Sur de El Pájaro, inaugurando la escalada de dificultad técnica en el granito madrileño. Durante los años 50 y 60 se abrieron las grandes vías clásicas artificiales y libres (Súper Directa, El Hueso). En los años 70 y 80 llega la revolución de la escalada libre pura. La Pedriza se convierte en escuela internacional por su estilo psicológico y liso, un laboratorio natural icónico donde todo depende de la precisión y la confianza absoluta en la adherencia de los pies.

La Pedriza y la fotografía
La Pedriza cambia continuamente. La misma roca es distinta según la posición del observador, la estación del año, la hora del día o las condiciones atmosféricas. Las luces del amanecer, las tormentas de verano, las nieblas invernales o los colores del otoño transforman constantemente las texturas del granito, convirtiéndolo en un escenario excepcional y en un paraíso inagotable para la fotografía de naturaleza.

La Pedriza hoy: protección y futuro
Declarada en 1930 como Sitio Natural de Interés Nacional (una de las primeras figuras de protección en España), hoy forma parte esencial del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama. Es uno de los espacios más visitados de Madrid. Conservar sus ecosistemas y su roca es una responsabilidad compartida para que el senderismo, la fotografía y la escalada sigan conviviendo en armonía y con el máximo respeto por la naturaleza.

